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miércoles, 20 de junio de 2012

Artículo de La Nación sobre estreno de obra basada en La Nona


Estreno en el Alvear: con adaptación de Eduardo Rovner y dirección de Claudio Hochman 

La Nona canta y baila

El personaje que tanto éxito tuvo en cine y en teatro vuelve en una comedia musical
Una de las obras del teatro argentino más representadas en el mundo es, sin lugar a dudas, "La Nona", de Roberto "Tito" Cossa. Estrenada en 1977 en el teatro Lasalle, con Ulises Dumont en el rol protagónico y dirección de Carlos Gorostiza (un año después fue llevada al cine con dirección de Héctor Olivera), la pieza desde entonces ha hecho un recorrido más que significativo, si se piensa que se representó, entre otros países, en Bélgica, Italia, España, Francia, Israel, Turquía, Eslovenia, Inglaterra, Armenia, Estados Unidos y en casi todo el continente latinoamericano.
En Buenos Aires, la última versión estuvo protagonizada por Diana Maggi en el Teatro de la Ribera, a fines de los años 80, con dirección de Mario Rolla.
El próximo 6 de julio "La Nona" se repondrá en el Teatro Presidente Alvear, pero en una versión musical que realizaron Eduardo Rovner, en la adaptación, y Ernesto Acher, en la música. Será protagonizada por Hugo Arana y la dirección es responsabilidad de Claudio Hochman.

Un poco de historia

A comienzos de la década del 70, Roberto Cossa integraba un grupo creativo junto a Carlos Somigliana, Ricardo Talesnik y Germán Rozenmacher (al que luego se agregó Ricardo Halac). Canal 9 les propuso escribir una serie de programas de ficción que tendrían como protagonista a Pepe Soriano. Uno de los textos que apareció fue el de "La Nona", pero -como recuerda Cossa- "el fragmento que sería la primera parte de la que después fue la obra de teatro". En ese canal, el proyecto se pospuso y en el verano de 1974 pasó a Canal 13, donde finalmente pudo concretarse. El ciclo se llamó "Historias del mediopelo".
"Fue un texto que siempre me siguió rondando -dice el autor- y lo retomé en 1976. Después del golpe yo dejé el periodismo. Tenía que resolver qué hacía con mi vida, si me iba del país o no, y en eso armamos un grupo con Carlos Gorostiza, Leandro Ragucci, Carlos Somigliana y René Aure. Yo tenía este libro y mi esposa, Marta (Degracia), siempre decía que ahí había una obra de teatro. En agosto del 77 la estrenamos. Y fue un gran éxito."
Para muchos espectadores, en aquel momento, el personaje de "La Nona" simbolizaba a la dictadura militar. Esa anciana que pedía comida y más comida, que devoraba todo lo que encontraba a su paso y hasta termina destruyendo y matando a su familia no podía encontrar otra correspondencia.
"Yo debo ser justo con la verdad -aclara Cossa-. La escribí como personaje dramático, partiendo de la imagen de ese personaje que tenía mucho que ver con la historia del grotesco argentino y, en un sentido, también con mi propia familia, con mi abuelo italiano, que hablaba cocoliche y que en realidad era muy distinto de La Nona porque era un gran trabajador. La segunda parte de la obra la escribí en 1976 y ahí está toda la historia de las muertes, la violencia, la tragedia que apareció en el país; pero fue espontáneo, no fue premeditado. La prueba está en que cuando se empezó a ensayar los actores y Gorostiza me preguntaban: ¿Qué es "La Nona"?, y yo decía: un personaje. El grupo llegó a la conclusión de que "La Nona" es aquello que nos destruye por dentro. Que cada uno elija qué es." Y tanto es así, que, por ejemplo, la versión que se estrenó en 1988, en la Ribera, no daba más que para pensar que "La Nona" era la gran inflación que por entonces abrumaba la realidad de los argentinos.
A mediados de los años 90 el texto se representó en el Teatro de la Colina, de París, Francia, fue interpretado por Jean-Claude Dreyfus con dirección de Jorge Lavelli. El crítico de Le Monde realizó entonces un análisis totalmente lineal de la obra. Y cerró su artículo diciendo que esa anciana, finalmente, sería llevada por el Servicio Social a un asilo.
Ernesto Acher es el gran ideólogo de la versión musical de "La Nona", un proyecto que lleva cuatro años y que sólo ahora puede concretarse. El músico estaba interesado en realizar una comedia musical sobre un texto previo como las grandes comedias ("Mi bella dama" o "West side story") y sintió que "La Nona" era una de las piezas más representativas del teatro argentino. "Cuando me puse a leerla -cuenta-, las canciones salían solas. Hablé con Tito Cossa para ver si me aprobaba la idea, dijo que sí y me propuso a Eduardo Rovner como adaptador, porque decía que él no tenía la suficiente distancia como para recrearla."
"La obra -aclara Rovner- tiene unos excesos permanentes que son muy aptos para ser realzados con música. Escenas como la de la Nona comiendo y exigiendo más comida y todos a su alrededor tratando de satisfacerla, o las propuestas alocadas de Chicho (el nieto) para sacársela de encima, que van desde llevarla a hacer la calle hasta forzarla a trabajar e incluso intentar matarla, te llevan a musicalizarlas. Escribimos al comienzo cerca de 35 canciones que luego debimos ir suprimiendo -quedaron 25, aproximadamente- . "La Nona" tiene una partitura musical escondida que fuimos descubriendo en el proceso de trabajo."
Por su parte, Acher reconoce que trató "de poner en música el espíritu, los distintos climas, los sabores que tiene la obra. Es el máximo ejemplo de grotesco del teatro argentino que conozco -explica- y trato de que la música acompañe eso. No construí números musicales sino situaciones continuas. En general, en las comedias conocidas la acción en algún momento se para, se canta y luego se sigue. Aquí no es así, a tal punto que si sacás la partitura la acción no se entiende".

Un personaje representativo

Ernesto Acher define a la Nona como un "personaje arquetípico", en tanto que Rovner lo ubica como "un verdadero clásico". Y éstos son algunos de los obstáculos que debe sortear Hugo Arana a la hora de recrearlo.
El actor vuelve a conectarse con un texto de Roberto Cossa. Su trabajo anterior en teatro fue "El saludador", del mismo dramaturgo. Pero en este caso asoma una dificultad. "Es un personaje muy singular -dice Arana-, en muchos aspectos me encuentro con cosas nuevas que tienen que ver con el tema de la actuación. Es un personaje muy solitario, con un mundo muy propio, dentro de una familia. Las interrelaciones de los otros personajes transitan por cierto realismo. La Nona está inserta ahí de una manera particular, tiene poco contacto con los
demás, su relación es con la comida. Uno como actor está entrenado para conectarse con el otro. ¿Cuál es esa vida propia? ¿Cuál es el yo del personaje? ¿Cuál es su identidad?"
El otro tema se relaciona con la construcción del personaje desde un travestismo también singular. La Nona no sólo es un hombre que construye a una abuelita de cien años. Por el contrario, el intérprete debe dar señales de que es un hombre el que está interpretando una conducta tan terrible como la de esa mujer.
-En algún momento "La Nona" simbolizó la dictadura; en otros, la inflación. ¿A qué refiere ese personaje hoy?
-Uno siempre tiene la necesidad de conectar, de despejar dudas. Uno se anima a certezas y dice: quiere decir esto, y se tranquiliza. Este proceso lo hará cada espectador y encontrará cual es su Nona interna o externa. Uno de los grandes hallazgos de esta pieza está ahí. La Nona es un símbolo, también es un reflejo de muchas dictaduras, y no me refiero sólo a los gobiernos militares. Qué cosas propias, internas, tenemos nosotros que nos comen, injustamente. Qué nos pasa, qué me pasa, con aquello que me obliga, que me presiona, y vivo esto como una injusticia, sintiéndome a la vez no merecedor. Y sin embargo, hasta dónde soy o no colaborador de eso.

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