Bienvenidos!
domingo, 7 de julio de 2013
sábado, 6 de julio de 2013
lunes, 6 de mayo de 2013
domingo, 5 de mayo de 2013
Mito Guaraní: El origen del fuego
Dicen que dicen...
...que hace mucho, pero mucho tiempo, los buitres eran los únicos poseedores del fuego.

Ellos eran los únicos dueños y solamente ellos podían cocinar los alimentos.
Cierta vez, un sapo habló con el dios Tupá y entre los dos planearon quitarle a los buitres tan preciado bien, para obsequiárselo a los hombres.
Tupá interrogó al sapo, preguntándole si él lo ayudaría obtener el fuego.
-Si tu me ayudas yo acepto el desafío - dijo el sapo, y entre los dos planearon tan difícil cometido.
Tupá dijo que él se tiraría al suelo y se haría pasar por muerto. Y así lo hizo.
Allí estaba Tupá desparramado por el piso haciéndose el muerto, mientras el sapo esperaba ahí cerquita, escondido detrás de los matorrales.
No pasó mucho tiempo que aparecieron los buitres, aparecieron de repente, desplegadas sus alas y dando giros desafiantes en el aire. Venían en busca del muerto.
Los bicharracos encendieron el fuego, un fuego grande, crepitante y amenazador.
Luego, sobre el gran fuego acarrearon ramas con sus picos que comenzaron a arder con fuerza y fueron rodeando el supuesto cadáver. El fuego tomaba cada vez más fuerza hasta convertirse en brazas, con las cuales planeaban cocinar el alimento.
Al poco rato, cuando las brazas eran suficientes, en un descuido de los pajarracos, Tupá pateó con fuerza los leños y éstos dejaron volar cientos de chispas hacia donde se encontraba el sapo, sin embargo, el pequeño batracio le hizo señas a Tupá, haciéndole saber que había sido incapaz de alcanzar alguna.
Otra vez Tupá debió esperar el momento propicio, ya que los buitres poseían el poder mientras fuesen los únicos dueños.
El dios Tupá, en otra distracción de los buitres volvió a patear los abrazantes leños encendidos, pero esta vez con mucha más fuerza, haciendo llegar algunas brazas hasta los yuyales que albergaban al sapo; éste a pesar del calor que sintió tomó la braza en su boca, se la tragó y huyó con ella, tan rápido como pudo lo más lejos posible.
Cuando el sapo se supo lejos de los buitres, escupió la braza sobre el hueco de un tronco seco, que en instantes comenzó a arder.
Enterados los buitres que ya no eran los únicos poseedores del fuego, intentaron huir, pero Tupá condenó el egoísmo de los pajarracos convirtiéndolos en aves carroñeras para siempre y les quitó todo el poder que poseían.
Tupá y el sapo llegaron hasta los hombres y con infinita paciencia les enseñaron el secreto del fuego y como hacer un pequeño hueco en las maderas blandas, y a frotar con un palo la madera hasta hacerla encender.
Fue así como los hombres conocieron el fuego.
martes, 12 de marzo de 2013
jueves, 7 de marzo de 2013
jueves, 28 de febrero de 2013
lunes, 17 de diciembre de 2012
La sociedad de los poetas libres
A todos los soñadores que pincelan palabras.
En un mundo ignoto
de pensamientos vivía
una sociedad secreta tan hermética
que los fantasmas de las ideas
decidieron investigar su paradero.
Surcaron montañas de letras,
consonantes, pronombres y verbos.
Pasaron ríos plagados
de preposiciones, artículos y acentos.
Una avalancha de adjetivos
casi los tapia entre lanzas de diptongos
y las letales rimas mientras pasaban
un destartalado puente colgante
hecho de fibras de sujetos
y pretéritos imperfectos.
Sin aliento, llegaron a la cima.
Adheridos a una lustrosa pared de comas
pasaron sobre los resbaladizos
puntos suspensivos
y de pronto, ahí estaban,
frente al majestuoso
y señorial punto final
que estaba flanqueado
por dos rudos puntos y coma
que sostenían afiladas exclamaciones
y cuatro fuertes e insensibles dos puntos
que en su pecho terciaban
un enjambre de cartuchos de interrogantes.
Recobradas las fuerzas,
los fantasmas de las ideas,
tambaleantes, le preguntaron:
¿Qué tenemos que hacer
para tener el honor de ser
miembros de vuestra distinguida sociedad?...
¿Qué méritos alcanzar
y cuál la cuota que debemos pagar?
El privilegio es simple,
contestó el Rey de los puntos,
tanto que no se necesita mucho:
Es tomar amor, sueños y fantasía
y juntas lanzarlas en un bosque
repleto de pasión, ilusión y sentimientos.
Cuando comienza a oler a esperanza
se adereza con un poquito de dolor,
se le echa dos gramos de realidad
y cuatro cucharadas de imágenes surtidas
y dos hojas de llanto picante
cultivadas en el corazón.
Cuando la cocción
pasa de las horas del pensamiento
ha llegado el momento ideal
de ponerlo a enfriar
no sin antes darle otro toque de amor.
Después, sólo una palabra…
y detrás de ella otra cabalgando
sobre una más lejana y ésta corriendo
con alegría tras otra que busca la libertad.
Diego Fortunato
En un mundo ignoto
de pensamientos vivía
una sociedad secreta tan hermética
que los fantasmas de las ideas
decidieron investigar su paradero.
Surcaron montañas de letras,
consonantes, pronombres y verbos.
Pasaron ríos plagados
de preposiciones, artículos y acentos.
Una avalancha de adjetivos
casi los tapia entre lanzas de diptongos
y las letales rimas mientras pasaban
un destartalado puente colgante
hecho de fibras de sujetos
y pretéritos imperfectos.
Sin aliento, llegaron a la cima.
Adheridos a una lustrosa pared de comas
pasaron sobre los resbaladizos
puntos suspensivos
y de pronto, ahí estaban,
frente al majestuoso
y señorial punto final
que estaba flanqueado
por dos rudos puntos y coma
que sostenían afiladas exclamaciones
y cuatro fuertes e insensibles dos puntos
que en su pecho terciaban
un enjambre de cartuchos de interrogantes.
Recobradas las fuerzas,
los fantasmas de las ideas,
tambaleantes, le preguntaron:
¿Qué tenemos que hacer
para tener el honor de ser
miembros de vuestra distinguida sociedad?...
¿Qué méritos alcanzar
y cuál la cuota que debemos pagar?
El privilegio es simple,
contestó el Rey de los puntos,
tanto que no se necesita mucho:
Es tomar amor, sueños y fantasía
y juntas lanzarlas en un bosque
repleto de pasión, ilusión y sentimientos.
Cuando comienza a oler a esperanza
se adereza con un poquito de dolor,
se le echa dos gramos de realidad
y cuatro cucharadas de imágenes surtidas
y dos hojas de llanto picante
cultivadas en el corazón.
Cuando la cocción
pasa de las horas del pensamiento
ha llegado el momento ideal
de ponerlo a enfriar
no sin antes darle otro toque de amor.
Después, sólo una palabra…
y detrás de ella otra cabalgando
sobre una más lejana y ésta corriendo
con alegría tras otra que busca la libertad.
Diego Fortunato
domingo, 18 de noviembre de 2012
jueves, 8 de noviembre de 2012
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