Bienvenidos!

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lunes, 30 de julio de 2012

Recuerdo perdido de Isaac Asimov


Transcurridos miles de siglos recordó que era Ames. No la combinación de longitudes de ondas que a través de todo el universo era ahora el equivalente de Ames, sino el sonido que correspondía a la pronunciación de su nombre. Nació así una pálida evocación de las ondas sonoras que ahora no percibía, y que no percibiría jamás.
El nuevo proyecto aguzaba su memoria, resucitando tantas y tantas cosas extraviadas en la noche de los tiempos.
Entonces condensó las cargas de energía que constituían el conjunto de su individualidad, y sus líneas de fuerza se extendieron mucho más allá de las estrellas.
La respuesta de Brock llegó hasta él.
«Puedo confiar en Brock», pensó Ames. Estaba seguro.
El flujo energético de Brock entró en contacto con el suyo:
—¿No vas a venir, Ames?
—Claro que sí.
—¿Participarás en el concurso?
—¡Sí! —Las líneas de fuerza de Ames se agitaron con intensas pulsaciones—. Sin duda. He soñado con una nueva forma artística. Algo original.
—¡Cuánto esfuerzo derrochado en vano! ¿Cómo puedes creer que exista una nueva variante después de dos mil siglos? No podemos descubrir nada nuevo.
Por un momento Brock quedó fuera de fase e interrumpió la comunicación, y Ames se vio obligado a reajustar sus líneas de fuerza. Captó entonces extraños pensamientos a la deriva, le llegó una visión de galaxias polvorientas sobre el telón aterciopelado de la nada, percibió las líneas de fuerza de torrentes insondables de energía de vida, errantes por toda la galaxia.
—Por favor, Brock —suplicó Ames—, absorbe mis pensamientos. No bloquees tu mente. Se me ha ocurrido la manera de manipular la Materia. ¡Imagínate! Una sinfonía de Materia. ¿Por qué molestarse con Energía? No hay nada nuevo en la Energía, y lo sabes. ¿Cómo podría ser de otra forma? ¿Acaso no prueba eso que debemos experimentar con la Materia?
—¿La Materia?
Ames registro entonces las vibraciones energéticas de Brock y las interpretó como manifestaciones despectivas.
—¿Por qué no? —dijo—. ¿Acaso nosotros no hemos sido antes Materia? De eso hace un quintillón de años, por lo menos ¿Por qué no construir objetos o incluso formas abstractas partiendo de la materia en un medio material? Escucha, Brock... ¿Por qué no moldear una réplica nuestra con Materia, una Materia a nuestra imagen y semejanza, tal como fuimos alguna vez?
—No recuerdo nuestro aspecto —dijo Brock—. Todos lo olvidaron ya.
—Yo lo recuerdo —dijo Ames con vehemencia—. No pienso en otra cosa, y estoy comenzando a recordar. Brock, déjame mostrarte. Dime que tengo razón. Dímelo.
—No. Es estúpido. Es... repugnante.
—Déjame intentarlo, Brock. Hemos sido amigos. Hemos reunido nuestra energía desde el principio, desde el momento en que nos convertimos en lo que ahora somos. ¡Por favor, Brock!
—De acuerdo, pero hazlo rápido.
Ames no había sentido correr un temblor igual, a lo largo de sus líneas de fuerza, desde... ¿desde cuándo? Si lo intentaba ahora ante Brock y obtenía éxito, se atrevería a manipular la Materia ante la Asamblea de Seres Energéticos que estaban esperando en vano el nacimiento de una novedad desde hacía varios milenios.
La Materia se hallaba ahora muy dispersa, en los intersticios de las galaxias; pero Ames la concentró, barrió volúmenes que sumaban años-luz elevados al cubo, seleccionó los átomos, obtuvo una consistencia gelatinosa y obligó a la materia a disponerse en forma ovoidal, alargada en su parte inferior.
—¿No lo recuerdas, Brock, si era como esto?
El haz energético de Brock se conmovió con una sacudida en fase.
—No me obligues a recordar. No recuerdo nada.
—Eso era la cabeza. Así la llamaban; cabeza. La recuerdo tan bién que podría pronunciar el nombre. Quiero decir, emitir sus sonidos -esperó un momento, y dijo-: Mira, ¿recuerdas esto?
En la parte superior del ovoide apareció la palabra «CABEZA».
—¿Qué es eso? —preguntó Brock.
—Pues el término que designa la cabeza. Los símbolos que representaban esa palabra en su traducción sonora. ¡Dime que lo puedes recordar ahora, Brock!
—Había algo —Brock vaciló—. Algo a la mitad.
Y tomó forma un cuerpo vertical
—¡Sí, claro! ¡La nariz, eso es! —dijo Ames, a la vez que aparecía la palabra «NARIZ» en el lugar indicado—. Y aquí están los ojos, a ambos lados.
¿En realidad deseaba lo que estaba haciendo?
—La boca -dijo, sus líneas de fuerza temblaban-. Y el mentón, y la manzana de Adán, y las clavículas. ¡Voy recordando los nombres!. —Y todas ellas aparecieron escritas junto a la figura ovoide.
—No había pensado en todo eso en varios miles de siglos—dijo Brock—. ¿Por qué lo trajiste a mi memoria? ¿Por qué?
Ames estaba absorto en sus pensamientos. Había otras cosas, el órgano del oído y sus receptores de ondas sonoras. ¡Las orejas! ¿Dónde hay que ponerlas? No recuerdo nada.
—Olvídalo todo —gritó Brock—. Las orejas y todo lo demás. ¡No lo recuerdes!
—¿Qué hay de malo en recordar? —replicó Ames, desconcertado.
—Que la superficie no era áspera ni fría como tu escultura, sino dulce y tibia. Que los ojos eran tiernos y vivos, y los labios de la boca trémulos y acariciantes se posaban sobre los míos.
Las líneas de fuerza de Brock palpitaban y se apagaban, intermitentemente...
—¡Me duele tanto!
—Me recordaste que antes fui mujer, y que conocí el amor. Que los ojos no sólo sirven para ver, y que ahora no tengo con qué llenar ese vacío.
Entonces ella añadió materia violentamente a la cabeza, elaborada en forma burda y gimió:
—Pues bien, que esto la termine —giró sobre sí misma y se fue.
Y Ames vio comprendió que antes fue un hombre. La fuerza de su energía partió la cabeza en dos. Salió velozmente por las galaxias, siguiendo el rastro energético de Brock, para volver al inexorable destino de la vida.
Los ojos de la cabeza resquebrajada seguían brillando con la humedad que depositó Brock, cuando quiso representar las lágrimas. Y la cabeza de Materia logró lo que los seres energéticos no podrían conseguir en toda su existencia: lloró por la humanidad entera y por la frágil belleza de los cuerpos a los que un día los hombres renunciaron, miles de siglos atrás.

domingo, 1 de julio de 2012

Ejemplo de texto explicativo.

Lo que "vio" Colón en 1492

A comienzos de 1493, poco antes de su retorno a España, Colón escribió una larga carta, como una popular y sumaria versión de su Diario. [...] Los actuales lectores de ambos documentos pueden quedar sorprendidos por la falta de interés que Colón demostró hacia los detalles referentes a las tierras que visitó, y por la limitada atención que concedió a la fauna y la flora locales.
En marcado contraste con la falta de referencias sobre los aspectos naturales de las islas que visitó, Colón mostró un agudo interés en sus contactos con los pueblos que equivocadamente llamaba "indios". Como ha notado el historiador de la cultura italiana Leonardo Olschki, Colón fue "meticuloso y exhaustivo", facilitando referencias sobre el aspecto de los indígenas, sus costumbres y sus peculiaridades, "pintando, incluso, su vida y sus hábitos con un realismo perspicaz y expresivo".
Las apreciaciones de Colón sobre los indígenas estuvieron inspiradas en las de los navegantes anteriores a él, en la tradición judeocristiana y en sus propias expectativas. [...]
Basándose en su acervo intelectual y cultural, Colón estaba mentalmente preparado para encontrar cinco tipos de seres humanos en el curso de su viaje de 1492. En primer lugar, si alcanzaba el Extremo Oriente, como esperaba y deseaba, se encontraría con asiáticos. Los primeros nativos con que se tropezó, los taínos de San Salvador, no eran precisamente los civilizadísimos ciudadanos de la India, China o Japón. Trató de tranquilizarse buscando indicios que le permitieran suponer que había llegado a algunas islas situadas no muy lejos de las costas de Asia.

En segundo lugar, los nativos encontrados por Colón podían ser hombres o mujeres de algún otro tipo familiar (tal vez europeos o bien africanos), en cuyo caso no habría alcanzado las Indias o algún rincón del mundo hasta entonces conocido. El relato de Colón descarta desde el primer momento esta posibilidad. Igualmente insatisfactoria era la tercera hipótesis, la de haberse encontrado una raza humana absolutamente desconocida, pobladora de una tierra de la que jamás se había oído hablar.[...]
Una cuarta perspectiva era la de que los nuevos pueblos descubiertos fuesen habitantes de un paraíso terrenal. Una de las imágenes de la Biblia más persistentes era la relativa al Jardín del Edén, donde la primera pareja humana, inocente en su desnudez, había habitado en un idílico estado natural. [...]
La última posibilidad que Colón tenía en cuenta era la de que había alcanzado alguna de las partes más distantes y prohibidas del mundo, en las que vivían sólo monstruos. Relatos o leyendas sobre monstruos humanoides fueron un tópico común de la literatura de viajes, que no podía menos que resultar conocida y familiar a Colón. Realmente, este aspecto acapararía una buena parte de los escritos colombinos.
Los monstruos míticos de que Colón había oído hablar eran gigantes, cíclopes de un solo ojo, hombres y mujeres de larguísimas cabelleras, y otros tipos de exóticas criaturas. Las amazonas eran mujeres guerreras que se amputaban el pecho derecho para usar con más eficacia los arcos y las flechas. Los antropófagos devoraban carne humana y usaban para beber los cráneos de sus víctimas.
En muchos relatos y obras literarias aparecen referencias sobre semejantes seres. Por ejemplo, la pretendida correspondencia de Alejandro Magno y la Historia Natural de Plinio el Viejo contienen las primeras descripciones de monstruos humanoides. El Millione de Marco Polo incluye también descripciones de razas monstruosas. Cualquiera que hubiese leído algo sobre lugares remotos podía esperar encontrar libros eruditos del siglo XV, tales como la Imago Mundi de Pedro de Ailly, o la Histora Rerum Ubique Gestarum de Eneas Silvio Picolomini, ambos leídos por Colón.[...]
Cuando Colón alcanzó el Nuevo Mundo, inquirió uno y otra vez sobre la presencia de monstruos humanoides. Tal vez sus informantes no entendieron lo que les estaba preguntando, o tal vez intentaron complacerlo contándole lo que al parecer quería oír. Por ejemplo, afirma en su carta haber recibido información sobre unos hombres con cola, gentes que no tenían cabello, o mujeres que vivían en una isla vacía de varones.
Estas patrañas, a las que el descubridor prestó atención, y la manera en que él las interpretó, reflejan tanto sus expectativas como sus deseos. La deficiente comunicación entre Colón y los indios -basada muchas veces sólo en unas pocas palabras, y en un lenguaje por gestos- le condujo a considerables desviaciones a la hora de traducir lo que le contaban los indígenas a su propio esquema conceptual. Sus actitudes vacilantes hacia aquellas historias expresaban tanto su necesidad de considerar seriamente la existencia de monstruos, como su deseo, por razones prácticas, de no tropezarse con ellos.

(I.B. Cohen [1993], "Lo que "vio" Colón en 1402", Investigación y Ciencia, febrero 1993, pp.42-46-49, reproducido en MONTOLÍO, E.; FIGUERAS, C.; GARACHANA, M.; SANTIAGO, M. (2000) Manual práctico de escritura académica. Barcelona: Ariel.) 



En relación a la organización del contenido del texto, podemos distinguir distintas partes que corresponden a la estructura prototípica del texto explicativo.
El texto propuesto como ejemplo se inicia con un párrafo de introducción que sirve de presentación o marco del tema que va a tratar.
A continuación el texto plantea el problema (¿por qué Colón esperaba encontrar distintos tipos de indígenas?) y en los párrafos siguientes desarrolla la respuesta al problema, de modo que prácticamente todo el texto se dedica a este movimiento.
El título anuncia el problema de conocimiento que el emisor se dispone a aclarar: lo que "vio" Colón en 1492, con las comillas que ponen en duda que lo viera realmente. En el tercer párrafo se introduce la respuesta: Las apreciaciones de Colón sobre los indígenas estuvieron inspiradas en las de los navegantes anteriores a él, en la tradición judeocristiana y en sus propias expectativas. Es decir, Colón vio lo que esperaba ver. El resto del texto sigue desarrollando la respuesta al problema.
El último párrafo del texto es una evaluación conclusiva para cerrar el texto explicativo:
Sus actitudes vacilantes hacia aquellas historias expresaban tanto su necesidad de considerar seriamente la existencia de monstruos, como su deseo, por razones prácticas, de no tropezarse con ellos.

Fuente:  http://serviciosva.itesm.mx/cvr/redaccion/doc0106.htm

martes, 26 de junio de 2012

Texto explicativo

La superestructura explicativa se caracteriza por presentar un tema general y progresar en éste hasta llegar a lo particular. Es decir, presenta un tema que los lectores desconocen o conocen poco y lo desarrolla en subtemas. El texto explicativo pretende informar a los lectores.

Cómo redactar un texto explicativo:

Primero se debe comenzar con la presentación global, general, del tema que van a desarrollar. Esta presentación respondería a una pregunta imaginaria (no debe estar escrita) que origina la explicación.
Ej: ¿Quién es el Científico Mazza? 

Los recursos del texto explicativo:

Para que el contenido del texto explicativo sea claro y preciso, se utilizan algunos recursos que amplían o especifican la información.

Definiciones: se refieren brevemente a qué es un objeto o concepto y mencionan sus características principales
Ej: "Los asteroides son cuerpos rocosos irregulares de gran tamaño que se encuentran entre Marte y Júpiter".

Ejemplos: aportan casos concretos que ilustran el tema que se está tratando.
Ej: En el cuento policial de enigma el detective descubre el mismo por medios de métodos deductivos, por ejemplo: "Sherlock Holmes resuelve crímenes pensando en su caso sin tener que ir a la escena del crimen".

Reformulaciones: reformular es volver a explicar una idea o concepto utilizando nuevas palabras para garantizar su compresión.
Ej: "Reformular es volver a explicar una idea o concepto, es decir, utilizar nuevas palabras".

Comparaciones: comparar es relacionar el concepto explicando con otro que, suponemos, que el lector ya conoce. 
Ej: "La atmósfera actúa como una barrera contra los cuerpos celestes que podrían impactar la Tierra".

Conectores: Sirven  para reforzar las conexiones entre las partes. Pueden ser causales, consecutivos o que resuman la información. 
Ej:: porque, a causa de,  ya que, entonces, en consecuencia.

Analogía: compara dos elementos que pertenecen a dominios diferentes: lo desconocido se puede explicar  por otro concepto más cercano al lector. 
Ej:  La televisión fue a mediados del siglo XX lo que la televisión digital es al siglo XXI.

Clasificación: ordena los elementos por características  comunes o categorías  (que son justamente las que permiten armar una serie). 
Ej:  en el texto sobre la televisión, ese medio de comunicación aparece clasificado de acuerdo con su forma de evolucionar: tv blanco y negro, tv color, tv satelital. 

domingo, 24 de junio de 2012

Texto Explicativo: el paratexto

Los paratextos son todos los elementos que rodean al texto. Los paratextos permiten anticipar el contenido de un texto. Algunos elementos de paratextos son: título, índice, gráficos, diagramas, imágenes (fotos, infografías, esquemas) y epígrafes.

El entorno del texto

El paratexto permite anticipar el contenido del texto. Prestar atención a ciertos elementos como la tapa, la contratapa, y las ilustraciones, construye una idea sobre el tema del texto que tenemos en frente. También, las imágenes, los dibujos y los títulos proporcionan mucha información.
A través de los paratextos podemos observar rápidamente si nos interesa o no un libro o una nota periodística. Hay paratextos gráficos y paratextos verbales.

Paratexto gráfico

Los paratextos gráficos se componen de ilustraciones, fotografías, variaciones en las letras, y la diagramación.
En los periódicos, por ejemplo, puede encontrarse mucha información antes de leer una noticia.
Los títulos de las noticias siempre llevan un tamaño de letra más grande y su tipografía se despega del cuerpo del texto. En esas pocas letras se define en gran parte aquello que se podrá leer en el contenido de la noticia.
Las fotos, las imágenes, el tamaño de las letras, los colores, también proporcionan información sin necesidad de leer todo.

Paratexto verbal

El título e índice son dos elementos paratextuales importantes que anticipan mucha información del texto.
Por ejemplo: si vamos al museo y queremos saber algo más de un personaje histórico, podemos buscar en una enciclopedia. Para no tener que mirarla toda, puede leerse el índice del libro.
La información del índice de una enciclopedia aparece por orden alfabético.
Las letras iniciales también brindan información y permiten encontrar lo que se busca con rapidez.

Tips

*Es posible anticipar el tema de los textos prestando atención a todo lo que lo acompaña.
*Ese entorno de elementos del texto se llama paratexto.
*Algunos elementos paratextuales son: la información gráfica, como los dibujos, las fotografías, el tamaño de las letras, los diagramas, etc.
*También se obtiene información leyendo los títulos y los índices.
*Un buen lector es capaz de anticipar el contenido del texto basándose en toda la información que este brinda.
*Los índices de las enciclopedias se organizan en orden alfabético.

sábado, 23 de junio de 2012

La inmigración argentina


Incitados y alentados por el impulso político-económico liberal que necesitaba transformar la Argentina después de la batalla de Caseros y de la promulgación, en 1853, de la Constitución Nacional, entre los años 1890 y 1930 penetraron por el puerto de Buenos Aires más de cinco millones de inmigrantes de los que, en definitiva, quedaron en este suelo más de tres millones, bien dispuestos para "hacer la Ámérica" que se les había prometido.
Muchos llegaron con el propósito de superar estrecheces y hasta la miseria que padecían en sus lugares de origen; pero también ingresaban los que huían de una justicia no siempre justa (por hechos de índole diversa), así como quienes escapaban de las persecuciones raciales cada vez más cruentas, que se producían con insistencia en varias zonas de Europa. Argentina era, por sobre todo, un país que ofrecía trabajo en libertad y con paz. En porcentajes aproximados, el cincuenta por ciento de los viajeros era de Italia (en especial del "mezzogiorno" peninsular); el veinticinco por ciento, del norte y del sur de España, y el veinticinco por ciento restante lo completaban franceses, ingleses, alemanes, sirio-libaneses (a los que se llamaba "turcos") y judíos de distintas nacionalidades (a quienes se denominaba "rusos").
Una buena cantidad de labradores siguieron viaje hacia el interior, en procura de tierras generosas en las que pudieran hundir sus raíces, demasiado tiempo al aire por los largos y fatigosos trayectos. Pero, como lo señalara Bourdé: "de 1890 a 1930 se impone el éxodo del campo europeo hacia las ciudades argentinas” y, de manera particular, hacia la ya designada Capital Federal. Millones de extranjeros arribaban en oleadas constantes y bien nutridas desde todos los puntos del orbe, y se afincaban en una "gran aldea" no preparada para recibir tales aluviones de seres que empezaban a sentir así, con mucha inquietud, los primeros desencantos.
Después del paso casi obligado por el Hotel de Inmigrantes, los recién llegados empezaban a apiñarse y desbordar los conventillos ciudadanos (antiguas casonas señoriales, muy venidas a menos, ubicadas en su mayoría al sur de la ciudad) que, ante la demanda insaciable, eran divididas en tabucos en donde se amontonaban familias enteras o media docena de hombre solos, en la más completa promiscuidad. Médicos eminentes daban testimonio de lo que sucedía. El doctor Eduardo Wilde, informaba en 1885: "una habitación de "conventillo", como se llamaba a esos alojamientos ómnibus que albergan desde el mendigo al pequeño artesano, tiene una puerta sobre el patio y a veces una ventana". Subrayo lo de "a veces una ventana", y continúa el doctor Wilde: "es una pieza cuadrada de cuatro metros de largo que sirve para todo. Es el dormitorio del marido, de la mujer y de la "pollada" de cinco o seis hijos muy sucios". El doctor Samuel Gache aseveraba en el año 1900: "Cualquiera que haya penetrado una vez en uno de esos antros de miseria a los que en Buenos Aires se llama "conventillos", ha recibido una impresión tan dolorosa que jamás podrá olvidarla". Añadía, por si quedaran dudas: "Nada es más inmundo más repugnante que ese cuadro de pobreza, suciedad e inmoralidad". Y completaba su juicio de severo sanitarista :"Estos establos para cerdos, infectos, constituyen la crítica más elocuente de las desigualdades sociales". En el diario El Obrero de 1892 se daba a publicidad, como denuncia social, el reglamento que regía en uno de los "conventillos". Se componía de 11 artículos colmados de deberes y prohibiciones para inquilinos. El último establecía que estaba "prohibido bailar, cantar, tocar el acordeón, la guitarra o cualquier otro instrumento de música". Conviene tener a mano estos documentos
de la época para que queden al descubierto las evasiones "zarzueleras" y algunos "romanceos" pintureros del "sainete porteño".
Era tanta la demanda que se producía por los tugurios de las "casas de vecindad" ciudadanas que, al saturarse las viejas casonas, daría comienzo la aventura hacia las orillas en donde, ya en pleno arrabal, se irían formando barriadas de "laburantes" y "linyeras". Como lo puntualizara Bourdé: "la miseria se desplaza del centro hacia el cinturón urbano".

miércoles, 20 de junio de 2012

El teatro


 
El teatro es un género literario en el que se plantea un conflicto entre personajes mediante la acción y el diálogo. Al no haber narrador, es preciso introducir acotaciones que informen acerca de la representación.
La palabra teatro (que significa en griego lugar para mirar, mirador, visión) tiene varias acepciones: es el texto cuyo argumento desarrolla la obra teatral en la escena, y es la representación de este texto por actores, frente a un público y en un lugar destinado para ese fin. Este mundo ficticio va cobrando cuerpo durante la realización de la obra.
Pero además, toda representación teatral es en sí un hecho social porque nace de la necesidad de expresión que tiene una comunidad. La obra de teatro ha sido creada con vistas a la acción, para cumplirse en un escenario y frente a un público. Y este elemento, “el público”, es fundamental y necesario para que el hecho “teatro” se cumpla en su totalidad.
Un notable pensador español, Ortega y Gasset, lo definió como género visionario porque, además de literatura, es espectáculo.
La obra teatral se crea para ser representada, pero también puede ser leída en voz alta, y a eso se le llama lectura dramatizada. En una lectura dramatizada, los distintos lectores encarnan a los personajes de la obra y transmiten a los oyentes sus palabras y emociones.
Es importante leer detenidamente las acotaciones, pues son de gran ayuda para transmitir el sentido del texto.

Clasificación de las obras teatrales

Las obras teatrales se pueden clasificar en mayores y menores. Entre las mayores podemos encontrar la tragedia, la comedia y el drama.

Tragedia: Obra extensa, de tono solemne, tema serio, personajes elevados y final desgraciado. Por ejemplo: “Romeo y Julieta” de Shakespeare.

Comedia: Obra de cierta extensión que carece de solemnidad. Su tono es satírico, el tema popular, los personajes comunes y el desenlace grato, feliz. Por ejemplo “La dama boba” de Lope de Vega.

Drama: Obra que combina lo desgraciado con lo feliz. Presenta un conflicto doloroso y lo sitúa en la realidad, con personajes menos grandiosos que los héroes trágicos y más cercanos a la humanidad corriente. Emplea todos los tonos, desde el más humilde hasta el más elevado, el desenlace puede ser feliz o trágico. Por ejemplo: “La vida es sueño” de Calderón de la Barca.

Entre los géneros menores podemos encontrar, entre otros:

Zarzuela: Representación con diálogos dinámicos y picarescos y con canciones. Divierte al espectador; busca el efecto con música y color. Por ejemplo: “La verbena de la paloma” de Ricardo de la Vega.

Sainete: Representación que mezcla lo absurdo y lo cómico. El tema es serio porque muestra una situación social o la angustia de un personaje. Si bien se dan algunos juegos de palabras que pueden hacer reír, la densidad de la obra provoca perplejidad y angustia en el espectador, y lo invita a reflexionar. Por ejemplo: ”Mateo” de Discépolo.

El sainete es una pieza breve de tipo cómico o tragicómico basada en la caricatura del costumbrismo urbano. El sainete es una de las expresiones que reflejan de manera más original la identidad de la cultura porteña en la etapa de mayor afluencia inmigratoria.
A diferencia del sainete, el grotesco criollo fusiona íntimamente lo cómico y lo dramático y, de este modo, logra que el espectador ría y llore simultáneamente, al experimentar el placer de la risa y el dolor de la tragedia.